
En torno al año 813, la "leyenda" explica que en tiempos del rey asturiano Alfonso II el Casto, el ermiñato Paio le dijo al obispo gallego Teodomiro que había visto unas luces sobre un monte deshabitado. En él, hallaron una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo. Esto dió pie, junto a los ciclos de la épica hispana (invención de la aparición de Santiago en la batalla de Clavijo, lo que supuso el comienzo de la advocación del "Santiago Matamoros", para elaborar un relato según el cual el apóstol Santiago el Mayor habría visitado España, y los restos encontrados se le correspondería. Esto dió al rey un doble beneficio. Por un lado, la aglutinación de sus territorios bajo la protección del apóstol, y por otra parte la cristianización de la "vía del Finisterre", por la que pronto comenzaría una peregrinación hacia la tumba del presunto apóstol.
Así, sobre un lugar prácticamente deshabitado donde se encontraba una necrópolis dolménica, se edificará en el siglo IX un templo primigenio para contener los restos del "apóstol", iniciándose el fenómeno de la peregrinación. Esta pequeña basílica de tres naves y ábside cuadrangular se comenzaría a construir la catedral a finales del siglo XI. La obra se proyectará desde sus cimientos con el doble propósito de albergar las reliquias del apóstol y disponer de un espacio lo suficientemente grande como para poder dar cabida al gran número de peregrinos que se desplazaba a Santiago para venerarlas.

- Desde 1075 a 1122: Con el Inicio de la fábrica bajo los obispados de don Diego Peláez y don Diego Gelmírez.
- Últimas décadas del siglo XII y primeras del XIII: Cuando se concluye el taller encabezado por el maestro Mateo.
Existe, no obstante, un último período de remodelaciones en la catedral, que se enmarca en la llamada "segunda edad de oro de la peregrinación a Compostela", entre los siglos XVII y XVIII debido a la afluencia de peregrinos franceses. Durante estos siglos y hasta el XVIII, van a remodelarse algunas de las fábricas medievales como la cercana San Martín de Pínaro, el también cercano Monasterio de San Payo de Antealtares y la fachada principal de la catedral que mira hacia la plaza del Obradoiro, donde trabajaron numerosos picapedreros que dieron a esta fachada su actual y marcado carácter barroco.
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